La inteligencia artificial está redefiniendo el mundo laboral, pero su verdadero impacto depende de cómo las personas la utilicen. En Foro UNIR se abordaron los últimos avances y los retos pendientes, que ya no son solo tecnológicos, sino estratégicos y humanos.

Los 7 puntos claves del Foro UNIR
- La IA como aliada de productividad: Los expertos coincidieron en que la inteligencia artificial ya permite ahorrar tiempo, organizar información y mejorar procesos cotidianos. Su valor no está solo en la rapidez, sino en la posibilidad de trabajar con más foco y mejor criterio.
- El autoconocimiento como punto de partida: Antes de apoyarse en la IA para crecer profesionalmente, es clave entender cuáles son los talentos, fortalezas y bloqueos de cada persona. Conocerse mejor permite usar la tecnología con más dirección y coherencia.
- El talento sigue marcando la diferencia: Aunque la IA automatiza tareas y procesa datos con enorme velocidad, todavía no reemplaza la autenticidad, la conexión emocional ni la capacidad humana de leer contextos complejos. Ahí sigue estando la ventaja competitiva.
- Formarse bien importa más que seguir modas: El foro alertó sobre la confusión entre usar herramientas y tener una formación rigurosa en IA. Las empresas valoran perfiles que comprendan el fondo de la tecnología y sepan aplicarla en su sector con criterio.
- Las soft skills ganan valor: Adaptabilidad, pensamiento crítico, trabajo en equipo y comunicación aparecen hoy como competencias indispensables. Son habilidades que no solo siguen vigentes, sino que se vuelven más importantes en un entorno automatizado.
- La IA debe usarse con sentido crítico: Los panelistas recordaron que estas herramientas pueden parecer empáticas, pero no siempre son precisas ni neutrales. Por eso, validar respuestas, revisar sesgos y no delegar todo el juicio en la máquina es fundamental.
- Aprender IA es crear un hábito: Más que dominar una sola plataforma, lo importante es desarrollar una disposición continua para aprender, probar y actualizarse. La inteligencia artificial cambia muy rápido, y la competitividad profesional dependerá de esa capacidad de adaptación.
La inteligencia artificial es una herramienta que está cambiando la forma de trabajar, aprender y tomar decisiones. En el Foro UNIR: ‘IA para mejorar tu rendimiento profesional’ , los especialistas participantes coincidieron en que su verdadero valor no está solo en hacer tareas más rápido, sino en potenciar el talento, la adaptabilidad y el criterio humano. El reto, coincidieron, es usarla con estrategia, formación y autoconocimiento.
Foro UNIR dejó una idea central: la inteligencia artificial puede aumentar la productividad, acelerar procesos y abrir nuevas oportunidades laborales, pero su impacto real dependerá de la capacidad de las personas para conocerse mejor, aprender de forma continua y desarrollar habilidades que siguen siendo profundamente humanas. Lejos de presentar la tecnología como una solución mágica, el encuentro la situó como una aliada poderosa, sí, pero insuficiente por sí sola para construir una trayectoria profesional sólida y diferencial.
En el evento, moderado por el director de Foro UNIR, el periodista Jorge Heili, participaron Luis Miguel Garay, director del Área de Ciencias de la Computación y Tecnología de UNIR; Diego Cardozo, presidente de Psigma Corp; y Andrés Ferraro Sastre, formador en IA y transformación digital.
Entre todos trazaron un mapa muy práctico sobre lo que hoy exige el mercado laboral y sobre cómo la IA puede ayudar a crecer profesionalmente sin perder de vista que el talento, el criterio y la capacidad de conexión siguen estando del lado de las personas.
Desde el inicio, la conversación dejó ver una preocupación compartida, sobre cómo muchas personas usan ya herramientas de IA, pero todavía lo hacen de forma superficial. Jorge Heili lo resumió con una imagen muy gráfica al señalar que, en muchos casos, se utiliza “como si fuera un Google pero con anabólicos”, es decir, como un motor de respuesta más sofisticado, pero todavía lejos de todo su potencial transformador. A partir de ahí, el debate se enfocó en una pregunta de fondo, referida a cómo pasar del uso puntual al aprovechamiento estratégico.
Luis Miguel Garay defendió que el verdadero cambio no está en la herramienta de turno, sino en comprender qué puede aportar la inteligencia artificial y cómo integrarla en los procesos cotidianos.
A su juicio, el problema no es solo técnico, sino de enfoque: “Hablamos mucho sobre inteligencia artificial, pero realmente solo estamos dando vueltas”, advirtió, al insistir en que ni los profesionales ni las organizaciones están exprimiendo todavía su capacidad de transformación. En lugar de depender de una aplicación concreta, planteó la necesidad de adquirir competencias transferibles, al saber qué preguntar, cómo interpretar los resultados y, sobre todo, cómo validarlos con sentido crítico.
La IA no reemplaza el propósito profesional
Diego Cardozo, presidente de Psigma Corp.
La intervención de Diego Cardozo llevó el debate hacia un terreno menos habitual en este tipo de foros: el autoconocimiento. Su principal tesis es que, antes de pedirle a una inteligencia artificial que ayude a perfilar un futuro profesional, conviene saber quién es uno, cuáles son sus talentos, qué lo diferencia y qué tipo de energía moviliza mejor su desempeño. En ese sentido, insistió en que “no todas las personas sirven para todo ni aprenden al mismo ritmo, y que crecer profesionalmente exige dejar de obsesionarse únicamente con las debilidades para empezar a construir desde las fortalezas“.
Para Cardozo, el talento no es una capacidad aislada ni algo que aparece de manera ocasional, sino aquello que una persona hace bien, de forma recurrente y espontánea. Su reflexión conectó con una inquietud cada vez más presente en el mundo laboral: cómo destacar en un escenario donde muchas tareas ya pueden ser ejecutadas por sistemas automáticos. Su respuesta no fue tecnológica, sino humana: “La diferencia va a estar en qué hacemos los seres humanos que no van a hacer las máquinas”, explicó, al subrayar que “la conexión emocional, la lectura del contexto y la autenticidad siguen siendo territorios donde la IA todavía no puede sustituirnos”.
Una idea que concretó más cuando abordó la noción de energía personal. Según expuso, “cada ser humano tiene modos distintos de pensar, relacionarse, ejecutar y responder a la presión, y entender ese funcionamiento interno es clave para construir una marca profesional más coherente. No se trata solo de saber qué demanda el mercado, sino de encontrar el punto de encuentro entre las exigencias del entorno y la estructura de capacidades de cada persona”. En otras palabras, no basta con saber hacia dónde va el trabajo; también hay que saber desde dónde puede aportar más cada profesional.
Autoconocimiento, talento y ventaja competitiva
Esa mirada interna no estuvo reñida con la competitividad. Al contrario, Cardozo planteó que “conocerse mejor es una forma concreta de prepararse para un mercado más exigente, más cambiante y más automatizado”. Habló de revisar el propio perfil, entender los bloqueos, fortalecer la marca personal y usar la IA como mecanismo de retroalimentación para mejorar la hoja de vida, identificar logros y proyectar mejor las capacidades. Pero dejó una advertencia de peso: “Si todos usan la misma tecnología para hacer lo mismo, el diferencial no lo pondrá la herramienta, sino la calidad del perfil que hay detrás“.
Andrés Ferrano Sastre, formador en IA y transformación digital.
Andrés Ferraro Sastre coincidió en esa necesidad de asumir la IA como una compañera de trabajo, no como un fin en sí mismo. En su exposición, recordó que existen miles de herramientas activas y que pretender conocerlas todas no solo es inviable, sino innecesario. Lo importante, sostuvo, es aprender a utilizarlas estratégicamente. “La IA ha venido para quedarse”, dijo, y con ello no apeló al miedo, sino a la urgencia de desarrollar un nuevo hábito profesional: “Es fundamental incorporar estas soluciones al trabajo diario con criterio, sin depender de ellas ciegamente y sin esperar que hagan por sí solas el trabajo intelectual de fondo”.
Ferraro insistió en que la inteligencia artificial no debe pensarse como una carrera aparte, sino como una capa transversal que atraviesa profesiones, sectores y niveles educativos. Por eso rechazó la idea de que solo quienes vienen del mundo técnico pueden beneficiarse de ella. Desde su experiencia con empresas, autónomos y equipos directivos, aseguró que “cualquier persona puede potenciar su trabajo con IA si entiende para qué la necesita y cómo convertirla en una aliada de productividad, aprendizaje y organización”. Más que una moda, la describió como un hábito que debe integrarse a la práctica profesional de manera progresiva.
Formación útil frente al ruido del mercado
Uno de los puntos más reveladores del foro fue la diferencia entre usar herramientas y formarse de verdad. Garay llamó la atención sobre la proliferación de cursos exprés y ofertas que prometen convertir a cualquiera en experto en inteligencia artificial en cuestión de semanas. Sin descalificar ese tipo de contenidos, recordó que las empresas buscan algo más sólido: profesionales capaces de comprender el funcionamiento general de la IA, adaptarla a su sector, trabajar en equipo, conocer la normativa y ejercer criterio sobre lo que produce la tecnología.
Esa reflexión fue especialmente relevante para perfiles no técnicos. Garay explicó que “hoy no todas las aplicaciones de IA exigen programación avanzada, y que existen entornos de baja codificación que facilitan su adopción en ámbitos como salud, educación, industria o ciencias del comportamiento. Pero esa accesibilidad no elimina la necesidad de una base conceptual”.
Luis Miguel Garay, director del Área de Ciencias de la Computación y Tecnología de UNIR.
El director del Área de de Ciencias de la Computación y Tecnología de UNIR señaló que “es muy importante ser conscientes de para qué vas a utilizar estas herramientas”, y remarcó que “la formación debe estar conectada con el contexto profesional de cada estudiante y con lo que realmente están exigiendo las organizaciones”.
El debate también abordó un punto incómodo, pero decisivo: la aparente empatía de la IA. Jorge Heili introdujo el tema con humor al reconocer que, en ocasiones, estas plataformas parecen tan cercanas que uno termina hablándoles como si fueran una persona de confianza. Ferraro recogió esa inquietud y la llevó a un terreno crítico. Este experto advirtió de que los sistemas están diseñados para responder siempre y para resultar agradables, incluso aduladores. “La IA está preparada para responder y ser empática”, explicó, y recordó que “esa apariencia de comprensión no debe confundirse con criterio, verdad o acompañamiento real”.
Las habilidades humanas siguen siendo decisivas
Desde ahí, el foro regresó a una de sus conclusiones más importantes: en medio del avance tecnológico, las llamadas soft skills no pierden valor, sino que lo ganan. Adaptabilidad, pensamiento crítico, trabajo en equipo, lectura emocional, comunicación y capacidad de aprendizaje aparecieron como las competencias más necesarias para no quedarse atrás.
En esa línea, Cardozo subrayó que, “aunque las máquinas procesan información con más velocidad, no pueden replicar la calidad del vínculo humano ni la respuesta emocional genuina que se produce en una interacción real”.
La adaptabilidad ocupó también un lugar central en el diagnóstico compartido por los panelistas. Ya no se trata solo de incorporar una nueva herramienta, sino de aceptar que las profesiones están mutando y que la ventaja competitiva estará en quienes logren aprender más rápido, desaprender prácticas obsoletas y reconstruir su perfil con agilidad.
Ferraro lo resumió gráficamente al decir que “aprender IA no es hacer un curso y ya, sino construir un hábito sostenido de actualización“. Ese cambio de mentalidad puede resultar más importante que cualquier dominio técnico puntual, concluyeron los expertos.
El cierre del foro dejó un mensaje equilibrado y útil. La IA puede acelerar tareas, mejorar documentos, ordenar información, inspirar ideas y ampliar la capacidad de acción de los profesionales. Pero no sustituye el propósito, ni el juicio, ni la autenticidad, ni la capacidad de conectar con otros. Quien quiera mejorar su rendimiento profesional con inteligencia artificial deberá combinar formación, autoconocimiento, criterio y acción. Esa fue, en esencia, la gran conclusión del encuentro: en la nueva economía del trabajo, la tecnología amplifica, pero lo que verdaderamente diferencia sigue siendo lo humano.
Los mensajes principales de los expertos
Diego Cardozo:
- “La diferencia va a estar en qué hacemos los seres humanos que no van a hacer las máquinas. Conocerse mejor, identificar el talento y entender qué bloquea a cada persona es el primer paso para usar la IA con sentido y construir un perfil profesional realmente diferencial”.
- “El talento no es algo que una vez hice, sino algo que se me facilita realmente ejecutar. En un mercado donde muchos usarán las mismas herramientas, la verdadera ventaja estará en quien sepa convertir sus fortalezas en una propuesta de valor más clara, humana y consistente”.
Luis Miguel Garay:
- “Hablamos mucho sobre inteligencia artificial, pero realmente estamos dando vueltas. El reto no es depender de una herramienta concreta, sino comprender qué puede aportar la IA, cómo validarla y cómo transformar con ella la manera de trabajar en las organizaciones”.
- “Es muy importante ser conscientes de para qué vamos a utilizar estas herramientas. La formación útil no consiste en seguir tendencias pasajeras, sino en adquirir competencias que respondan a lo que hoy piden las empresas y puedan aplicarse en contextos profesionales reales”.
Andrés Ferraro Sastre:
- “La IA ha venido para quedarse. Más que intentar conocer todas las plataformas, los profesionales necesitan aprender a usar la IA estratégicamente, incorporarla como hábito y aprovecharla para potenciar lo que ya saben hacer bien”.
- “Está preparada para responder y ser empática. La aparente cercanía de estas herramientas no debe confundirse con verdad ni con criterio: su utilidad crece cuando el usuario sabe pedir precisión, verificar y no dejarse seducir por respuestas complacientes”.







