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Francisco Pastor, doctor en Comunicación: “Construir una Colombia intercultural no significa conseguir que todos pensemos igual"

11 / 09 / 2026

El Foro UNIR reunió a especialistas en comunicación, educación y realidad social colombiana para analizar cómo superar estereotipos, garantizar una participación efectiva de las comunidades y construir narrativas que reconozcan la diversidad cultural, étnica, lingüística y territorial del país.

Dos personas pueden hablar el mismo idioma y, sin embargo, interpretar de manera completamente diferente palabras como territorio, desarrollo, educación, familia, participación o inclusión. Esta aparente contradicción sirvió para introducir uno de los principales desafíos de la comunicación intercultural: comunicarse no consiste únicamente en compartir una lengua, sino en comprender la historia, la identidad y el contexto desde los que habla el otro.

El Foro UNIR Colombia diversa: estrategias de comunicación intercultural para un diálogo inclusivo abordó esta realidad en un país caracterizado por una extraordinaria pluralidad cultural, étnica, lingüística y territorial. El objetivo fue analizar cómo transformar esa diversidad colombiana en participación efectiva, evitando que determinadas comunidades sean únicamente representadas desde fuera y favoreciendo que puedan construir y controlar sus propias narrativas.

Máster Universitario en Comunicación Social e Interculturalidad

En el encuentro participaron Francisco M. Pastor, doctor en Comunicación, especialista en comunicación intercultural y docente de UNIR; María Fernanda del Real, coordinadora académica del Máster Universitario en Educación Inclusiva e Intercultural de UNIR; y Andrés Nieto Ramírez, director del Observatorio de Seguridad de la Universidad Central de Colombia y periodista.

“Construir una Colombia intercultural no significa conseguir que todos pensemos igual”, afirmó Francisco Pastor. El desafío, añadió, consiste en crear las condiciones necesarias para “pensar diferente, hablar diferente, aprender diferente y aun así reconocernos como parte de una misma sociedad”.

Cinco claves del Foro UNIR

  • Comunicar es comprender: Compartir idioma no garantiza interpretar de igual manera conceptos fundamentales. “Comunicarnos significa encontrarnos con otra persona desde su historia, desde su identidad y territorio”, explicó Francisco Pastor.
  • Evitar la folclorización: La diversidad no puede reducirse a gastronomía, danzas, artesanía o celebraciones. Presentar las culturas únicamente mediante sus elementos más atractivos puede convertir comunidades vivas en “productos turísticos estáticos”.
  • Dar voz a las comunidades: La participación efectiva implica decidir cómo quieren ser representadas, qué conocimientos desean compartir y cómo relacionarse con quienes llegan desde fuera.
  • Nombrar para reconocer: El lenguaje determina también qué realidades adquieren visibilidad social. “Lo que no se nombra no existe”, recordó Andrés Nieto al defender una comunicación capaz de reconocer la pluralidad existente en Colombia.
  • Llevar la inclusión al aula: El marco normativo no basta si los docentes carecen de herramientas para aplicarlo. “Tenemos que preguntarnos: ¿tengo las competencias como profesor y las herramientas necesarias para hacer realidad la inclusión dentro de mi aula?”, planteó María Fernanda del Real.
  • Participación real: Redes sociales y nuevas tecnologías no garantizan por sí mismas un diálogo más democrático. “A veces confundimos una simple participación cosmética con una participación real”, advirtió Pastor.

Colombia es mucho más que una postal

Colombia reúne comunidades indígenas de la Amazonía, los Andes, la Sierra Nevada de Santa Marta o La Guajira; comunidades afrocolombianas del Pacífico y el Caribe; poblaciones campesinas, raizales y palenqueras; grandes núcleos urbanos, territorios rurales y zonas fronterizas. Esa variedad convierte la diversidad cultural en uno de los principales rasgos de identidad del país.

Pero reconocer esa pluralidad no consiste simplemente en enumerarla o incorporarla a campañas institucionales. Francisco Pastor alertó sobre el riesgo de reducir una cultura a aquellas expresiones que resultan más fáciles de mostrar: una fiesta, una receta, una danza, una artesanía o una vestimenta tradicional.

Detrás de esas manifestaciones existen sistemas de conocimiento, memoria colectiva, relaciones familiares, estructuras sociales, formas de producción y maneras particulares de comprender el territorio. Una comunidad, recordó el experto, también está formada por “su memoria histórica, sus conflictos, su proceso de organización, sus conocimientos ambientales” y sus aspiraciones de futuro.

El riesgo contrario es la folclorización de la cultura: convertir una realidad viva y cambiante en una imagen fija diseñada desde la mirada del visitante. Algo estupendo para fabricar postales; bastante menos útil para comprender a quienes aparecen en ellas.

De hablar sobre las comunidades a hablar con ellas

Una de las ideas centrales del foro fue la necesidad de modificar quién construye las narrativas sobre los territorios.

“No es lo mismo fotografiar una comunidad que comprender su historia”, afirmó Pastor. Tampoco observar una artesanía que conocer el conocimiento necesario para elaborarla, ni asistir a una celebración que comprender su significado para quienes participan en ella.

Esta diferencia modifica profundamente la manera de entender la comunicación inclusiva. Las comunidades no deberían limitarse a proporcionar testimonios, imágenes o elementos culturales para discursos diseñados por terceros. Deben tener capacidad para decidir qué desean mostrar, cómo quieren hacerlo y qué aspectos prefieren preservar dentro de su ámbito comunitario.

El consentimiento adquiere aquí un papel fundamental. Existen conocimientos locales relacionados con agricultura, biodiversidad, alimentación, medicina, construcción, navegación, gestión del agua o artesanía que representan un patrimonio acumulado durante generaciones. Pero disponer de ellos no significa que cualquier institución, empresa o comunicador tenga automáticamente derecho a convertirlos en contenido.

El cambio de enfoque puede aplicarse incluso a algo aparentemente sencillo como presentar una artesanía. En vez de mostrar únicamente el objeto, Pastor propuso explicar quién lo produce, qué materiales utiliza, qué conocimientos requiere, cuánto tiempo lleva elaborarlo, qué significado posee y cómo contribuye a la economía comunitaria. La comunicación gana contexto y la persona deja de desaparecer detrás del producto.

Participar no es simplemente aparecer

El siguiente paso consiste en transformar la representación en participación efectiva.

Pastor planteó una serie de preguntas que deberían acompañar cualquier proyecto comunicativo, educativo, turístico o comunitario: quién decide qué se muestra, quién define el relato, quién controla los recursos, cómo se distribuyen los beneficios y qué conocimientos deben permanecer fuera de la comercialización.

La diferencia es sustancial. Una comunidad puede aparecer constantemente en campañas, medios de comunicación o proyectos institucionales y continuar sin tener capacidad real para tomar decisiones.

“Hay una diferencia enorme entre hablar sobre una comunidad y hablar con ella o permitir que controle sus narrativas”, afirmó Pastor. Para el especialista, visibilizar tampoco equivale automáticamente a incluir: representar al campesinado únicamente mediante la precariedad o a los jóvenes rurales desde la violencia puede reforzar precisamente los estereotipos que supuestamente se pretendían combatir.

Por ello, propuso avanzar hacia modelos de gobernanza comunitaria en los que las personas intervengan en la planificación, el diseño, la gestión, la promoción y la evaluación de las iniciativas relacionadas con sus territorios.

Educación: cuando la inclusión tiene que salir del papel

La mesa redonda trasladó el debate al sistema educativo colombiano. María Fernanda del Real señaló una distancia entre el reconocimiento normativo de la inclusión y su aplicación cotidiana en las aulas.

La experta advirtió además de otro error frecuente: reducir la educación inclusiva únicamente al alumnado con discapacidad o necesidades educativas especiales. La diversidad también comprende realidades culturales, étnicas, sociales y otras características presentes en las propias aulas colombianas.

La legislación puede establecer derechos y principios, pero son los profesionales quienes deben convertirlos en experiencias educativas. De ahí que Del Real situara la formación docente como una de las condiciones fundamentales para desarrollar una verdadera interculturalidad.

“Si dentro de lo que son las leyes nosotros no lo llevamos a la práctica, va a quedar en el papel”, señaló. Su propuesta pasa por que el profesorado conozca el marco existente, comprenda las distintas dimensiones de la diversidad y adquiera metodologías y herramientas que permitan responder a ellas dentro del aula.

El lenguaje también puede incluir o excluir

Andrés Nieto introdujo otra dimensión: el poder que tiene el lenguaje para reconocer realidades sociales.

El periodista diferenció entre información y comunicación y recordó que el escenario actual está condicionado por redes sociales, algoritmos, inteligencia artificial y dinámicas digitales que determinan qué contenidos adquieren visibilidad. Tener más canales, por tanto, no significa necesariamente comunicarnos mejor.

Nieto defendió que comunidades, movimientos sociales, instituciones públicas y medios de comunicación comparten responsabilidad en la construcción de un diálogo intercultural efectivo. Uno de los problemas aparece cuando las comunidades avanzan en el reconocimiento de sus identidades, pero los procedimientos institucionales continúan funcionando con categorías que ya no reflejan esa realidad.

La cuestión adquiere especial importancia en servicios públicos como justicia, salud o seguridad. Para Nieto, las convicciones personales de un servidor público no pueden convertirse en una barrera cuando el ordenamiento jurídico reconoce determinados derechos.

Por ello incorporó el concepto de comunicación no violenta como paso previo para construir espacios donde la diferencia pueda expresarse sin convertirse automáticamente en confrontación, discriminación o exclusión.

Tecnología para amplificar voces, no para reproducir barreras

Las herramientas digitales ofrecen nuevas oportunidades para que comunidades tradicionalmente alejadas de los grandes canales de comunicación desarrollen sus propias narrativas.

Francisco Pastor recordó, sin embargo, que las redes sociales fueron presentadas inicialmente como grandes instrumentos de democratización y, en muchos casos, terminaron reproduciendo el modelo tradicional de un emisor que habla y una audiencia que simplemente recibe.

El reto no consiste, por tanto, en abrir perfiles sociales y asumir que el problema está resuelto. Primero debe existir formación comunicativa y capacidad real de participación. Después pueden incorporarse páginas web, redes sociales, inteligencia artificial, análisis de datos y otras tecnologías para ampliar el alcance de esas voces.

Bien utilizadas, estas herramientas pueden ayudar a reducir barreras geográficas y permitir que las comunidades expliquen directamente su realidad. Mal utilizadas, simplemente acelerarán la difusión de los mismos estereotipos de siempre. La tecnología tiene esa desagradable costumbre de amplificar tanto lo inteligente como lo contrario.

Aprender a conversar desde la diferencia

El Foro UNIR dejó una idea que trasciende el ámbito estrictamente comunicativo. La interculturalidad en Colombia no consiste en borrar las diferencias, sino en crear estructuras que permitan convivir, participar y tomar decisiones desde ellas.

Para conseguirlo, comunicación, educación, instituciones públicas, medios, empresas y comunidades deben abandonar una lógica basada únicamente en representar la diversidad y avanzar hacia otra sustentada en escucharla y compartir el poder de construir el relato.

En este escenario, titulaciones como la Maestría en Comunicación Intercultural y la Maestría Universitaria en Educación Inclusiva e Intercultural de UNIR responden a la necesidad de formar profesionales capaces de gestionar contextos diversos y transformar principios de inclusión en estrategias concretas. Ambas fueron señaladas durante el encuentro como opciones de especialización vinculadas directamente a los desafíos abordados.

Porque, como resumió Francisco Pastor, el desafío de la comunicación en Colombia “no es eliminar la diferencia, sino aprender a conversar desde ella”. En un contexto marcado por la polarización y por una diversidad extraordinaria, probablemente ahí esté la cuestión esencial: no conseguir que todas las voces digan lo mismo, sino garantizar que tengan condiciones reales para hablar y ser escuchadas.

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